Yucatán

Mujeres guardianas de las abejas meliponas: protegen las Xunáan Kaab de Yucatán

En Yucatán, las mujeres desempeñan un papel fundamental en la conservación de la meliponicultura, una práctica biocultural milenaria profundamente ligada a la cultura maya. En los solares de numerosas comunidades, ellas alimentan, reproducen y cuidan a las abejas meliponas, conocidas localmente como Xunáan Kaab o Kolel Kaab, además de proteger las colmenas frente a las múltiples amenazas que enfrentan día con día.

Dentro de una colonia de abejas existe una figura indispensable: la abeja guardiana. Su función es vigilar la entrada de la colmena y defender a la comunidad de cualquier amenaza, incluso poniendo en riesgo su propia vida. De manera similar, las mujeres meliponicultoras desempeñan hoy ese papel de guardianas. Son quienes observan constantemente el estado de las colonias, las protegen de depredadores, plagas, lluvias intensas, periodos de escasez de alimento e, incluso, de aquellos riesgos que, desde la cosmovisión maya, pueden afectar a las abejas, como el mal de ojo.

Su trabajo trasciende la producción de miel. Ellas resguardan conocimientos tradicionales, transmiten prácticas de cuidado entre generaciones y sostienen una relación de respeto y reciprocidad con las abejas y con el territorio. Gracias a esta labor cotidiana, contribuyen a mantener vivo este patrimonio biocultural de la región.

El papel de las mujeres en la historia de la meliponicultura aún merece mayor investigación. Hasta ahora, no existe evidencia que permita afirmar si esta actividad fue iniciada por hombres o por mujeres. Sin embargo, diversos registros etnohistóricos describen que las colmenas se encontraban en los solares familiares, espacios donde las mujeres desempeñaban un papel central en su cuidado. Al mismo tiempo, el maestro Fabián Olán señala que otras fuentes, particularmente de Quintana Roo, documentan que los hombres se internaban en la selva para recolectar miel de abejas sin aguijón como parte del tributo durante la época colonial.

Incluso, la propia cultura maya refleja esta relación. El nombre Xunáan o koolel cab puede traducirse como «señora abeja» o «dama abeja», y diversas narraciones orales del interior del estado, cuentan que esta abeja fue, en otro tiempo, una mujer joven tímida de gran belleza que los dioses transformaron en lo que hoy conocemos como la abeja maya. Estas historias evidencian el profundo significado simbólico que las abejas y las mujeres comparten dentro de la cosmovisión maya.

Sin embargo, ser guardiana también implica resistir. Las mujeres meliponicultoras enfrentan múltiples desafíos. Entre ellos se encuentran los ambientales, como el cambio climático, la deforestación, la expansión de cultivos genéticamente modificados y el uso de agrotóxicos, factores que reducen la disponibilidad de recursos florales y afectan la salud de las abejas. También enfrentan retos sociales, como el desinterés de las nuevas generaciones por continuar con la meliponicultura y la implementación de proyectos de tecnificación que, en ocasiones, priorizan modelos externos sin reconocer ni valorar los conocimientos locales.

A ello se suman los desafíos culturales, derivados de creencias y estereotipos de género que históricamente han limitado su participación. En algunos contextos aún persiste la idea de que las mujeres no deben trabajar con las abejas durante la menstruación porque pueden «contaminar» la miel, o que, por ser mujeres, no son capaces de organizarse y trabajar colectivamente. Estas creencias, además de carecer de sustento, invisibilizan el conocimiento, la experiencia y las contribuciones que las mujeres han construido y transmitido durante generaciones.

Desde una perspectiva ecofeminista, las mujeres representan una forma de resistencia frente a las transformaciones ambientales y a los modelos económicos que amenazan tanto a las comunidades como a la biodiversidad. En distintos territorios del sureste mexicano han alzado la voz para defender a las abejas de los efectos de los plaguicidas, la deforestación y otros proyectos que ponen en riesgo la selva y los sistemas tradicionales de producción. Sin embargo, su defensa comienza mucho antes de la protesta pública: inicia cada día en los solares, donde limpian el terreno, conversan con sus abejas, vigilan las colmenas, enseñan a niñas y niños a respetarlas y comparten con otras mujeres los saberes necesarios para su cuidado y para la elaboración de productos derivados de la miel.

Reconocer a las mujeres como guardianas de la meliponicultura significa reconocer que la conservación de las abejas no depende únicamente de técnicas de manejo, sino también de las personas que, desde el cuidado cotidiano, sostienen este patrimonio ancestral. Ellas preservan no solo a las abejas, sino también una forma de comprender la relación entre la naturaleza, la comunidad y la vida.

Estas experiencias forman parte del proyecto PAPIIT-UNAM IN301026, Poner la vida en el centro: ecofeminismos y experiencias de mujeres meliponicultoras en Xcunyá, Yucatán.