!Alerta sanitaria! Negligencia en Yucatán condena a niños y adultos con VIH: sin medicamentos
Yucatán se enfrenta a una de sus crisis de salud más oscuras y desgarradoras. Mientras el estado se consolida como un foco rojo de infección a nivel nacional, la ineficiencia administrativa ha dejado las farmacias vacías, eliminando la última esperanza para cientos de pacientes: los medicamentos de rescate y las fórmulas lácteas esenciales para salvar a los recién nacidos.
De acuerdo con el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica y los reportes de CENSIDA, la entidad se ubica en el deshonroso tercer lugar nacional en tasa de incidencia, con 12.5 casos por cada 100,000 habitantes, solo superada por Quintana Roo y Colima. Con un incremento del 10% en nuevos diagnósticos, la prevalencia en el estado ya supera los 12,800 casos acumulados en el primer trimestre del 2026, una bomba de tiempo que las autoridades estatales parecen ignorar.
La ineficacia es clara: Yucatán se encuentra por debajo de la media nacional de indetectabilidad del 87%. Sin pacientes logrando el control del virus, la cadena de contagio sigue imparable.
La situación ha escalado a niveles criminales. Pacientes adultos y pediátricos en falla virológica—donde el virus ya no responde a los fármacos comunes— se encuentran hoy desprotegidos. No hay antirretrovirales de rescate, la última línea de defensa contra la muerte.
A esto se suma una omisión imperdonable: la falta de fórmulas lácteas (leches). Para una madre con VIH, el sustituto de leche materna es un insumo médico, no un lujo. Al negárselas, el estado está empujando a que ocurra la transmisión vertical (de madre a hijo), condenando a una nueva generación a vivir con el virus por una simple falla en la distribución estatal.
La indignación de colectivos y pacientes apunta a una sola persona: la Dra. Dulce Cruz Lavadores, Responsable estatal del programa de VIH, Hepatitis y otras ITS. Su gestión de 12 años a cargo del programa estatal es calificada de desastrosa, marcada por una incapacidad administrativa que cuesta vidas.
En un intento por evadir su responsabilidad, la funcionaria ha optado por culpar a las autoridades federales, específicamente al Centro Nacional para la Prevención y Control de VIH/SIDA y otras ITS (CENSIDA) señalando directamente al Dr. Juan Luis Mosqueda Gómez, Director General de CENSIDA, y al Dr. Luis Gerardo García de Muner, Director Médico de Atención Integral. Sin embargo, mientras en otros estados se garantiza el abasto, en Yucatán la falta de planeación de la Dra. Cruz Lavadores está matando gente.
¿Cuántos niños más nacerán con VIH por la falta de una lata de leche? ¿Cuántos adultos morirán esperando el medicamento de rescate que nunca llegó a la farmacia? ¿Cuántas muertes más necesita el Gobierno de Yucatán para reaccionar? ¿Hasta cuándo la Dra. Dulce Cruz seguirá culpando a la Federación por su propia incapacidad? La sociedad yucateca exige respuestas inmediatas y la destitución de quienes han convertido la salud pública en un cementerio de excusas.

